Hoy en día, nuestros hijos reciben muchos inputs desde el exterior. Influencias buenas pero, lamentablemente, otras no tan buenas.
Aquí es donde, entra el papel importantísimo de los padres. Debemos de transmitir nuestra fe a nuestros hijos. Adecuándola a los años que tenga. Con cariño, con delicadeza pero sabiendo que le estamos dando las herramientas suficientes para que luego, cuando sea mayor, sepa elegir libremente y crea en Dios porque está convencido.